Cómo el prototipado ayudó a Nafarra descubrir lo que no sabía que no sabía

Cómo el prototipado ayudó a Nafarra descubrir lo que no sabía que no sabía

Siempre hay que mantenerse alerta para descubrir lo “que no sabes que no sabes”, y eso pudo comprobar Álvaro Díaz. Álvaro es un emprendedor brillante que llegó Centro Europeo de Innovación de Navarra (CEIN) con una idea apasionante: crear una plataforma que permitiera a los visitantes de Navarra conocerla de la forma más auténtica a través de gente local. Tuvimos el honor de trabajar con Álvaro en un curso de prototipado que impartimos en el CEIN. Su ambición y ganas de aprender nos contagiaron, y creemos que su historia ofrece una gran ejemplo de como el prototipado hace descubrir lo que “sabemos que no sabemos”, pero sobre todo, hace aflorar lo que “no sabemos que no sabemos”.

Nafarrak, como había bautizado la idea, se encontraba en las fases inciales y Álvaro tenía las mismas dudas que se encuentra un emprendedor en los inicios de su carrera. ¿Dónde podré conseguir inversión? ¿Qué equipo necesito? ¿Cómo puedo llegar a más clientes? ¿Es buena mi idea?
Siempre nos gusta remarcar en estos cursos que nuestro trabajo no consiste en decir si la idea es buena o mala. Nuestra recomendación es y y siempre será sencilla: “pruébalo”. Parece obvio, pero resulta no ser tan evidente. Hemos visto muchísimos emprendedores caer en el error del perfeccionismo y perder de vista cual es su propuesta de valor, dedicando una cantidad desproporcionada de recursos a prototipar el “canal” de su idea. Este canal requiere mucho tiempo y esfuerzos que deberían dedicarse a “probarlo”.
Álvaro fue capaz de discernir correctamente entre su propuesta de valor y su canal: ofrecer una experiencia auténtica a gente que visita Navarra. La aplicación móvil y web serían el canal a través de la cual se lleva a cabo, pero no eran imprescindibles en una primera fase.
Nuestro curso se dividió en cuatro sesiones, separadas en varias semanas, siguiendo el método Protoplay. En la primera sesión definimos un contexto, en la segunda detectamos hipótesis, en la tercera prototipamos y en la cuarta y última creábamos una historia a partir de los aprendizajes. A continuación podemos ver tres de las hipótesis iniciales que detectó Álvaro de su idea:
  • Hay gente buscando experiencias auténticas en Navarra.
  • Hay locales dispuestos a ofrecer experiencias auténticas en Navarra.
  • Existe un nivel de confianza suficientemente alto para que este tipo de transacciones se lleven a cabo.
Las hipótesis ofrecen un punto de partida ideal para empezar un itinerario de prototipado. De las tres mostradas anteriormente, se puede apreciar que ninguna de ellas requiere la creación de una app web o móvil. De hecho, junto a Álvaro, llegamos a la conclusión que los prototipos ideales en su caso eran un “relabel” y un “pop-up”.
El “relabel” consiste en aprovechar una plataforma ya existente para llevar a cabo la actividad. En este caso, recomendamos crear una página en Facebook donde se encontrasen “fans” de Navarra y locales (www.facebook.com/nafarra). En el “pop-up” se trata de ofrecer puntualmente un servicio, cosa que hizo Álvaro el mismo fin de semana en el valle del Baztán.
La respuesta fue espectacular. En la página se registraron cerca de 500 personas en una semana y más de 10 acudieron a la primera experiencia al cabo de unos días, pagando unos 15€. Lo más soprendente, nos dijo Álvaro, fue ver a amigas de amigas a quien no conocía acudir a la cita, y hasta a dos turistas de Madrid que descubrieron la experiencia a través de la página de Facebook.
 nafarra
Pero más importante fue su aprendizaje. Pudo comprobar que existen personales locales dispuestas a compartir experiencias auténticas en Navarra, pero que mayormente se trata de pequeños negocios y granjas en las afueras de Pamplona que quieren mostrar su forma de vida pero se ven excluídos por no dominar el mundo online. Álvaro comprobó que su negocio probablemente pasaría por hacer mucho trabajo “offline” para digitalizar estos negocios artesanales y familiares, y esa sería su propuesta de valor para ellos.
Por otro lado, destapó un gran interés de gente joven que querían visitar la vida más auténtica de la comunidad foral. Pero más sorprendente fue ver las ganas que tenían estas personas de conocerse entre ellas. La página de Facebook creó un debate y dió lugar a contactos entre esta comunidad recientemente formada. Esta comunidad debería convertirse en su “driver” de crecimiento una vez decidiera escalarla.
Por último, en una primera experiencia no fue capaz de detectar una falta de confianza en la comunidad, por lo que decidió llevar a cabo una segunda experiencia por la montaña. Pocos días antes de llevarla a cabo, la persona local le llamó preocupado pidiendo anular la actividad, ya que temía que tuviera repercusiones legales si alguien se hacía daño durante la actividad. Álvaro se dió cuenta que si quería llevar a cabo su negocio, el sello de “Nafarrak” no podía solo ser de autenticidad pero también de seguridad, haciendo de gestor de riesgo entre ambas partes.
Nafarrak sigue hoy progresando y ya ofrece hasta 12 experiencias recurrentes en su web particular dedicada https://nafarra.sharetribe.com/, algunas de un valor que alcanza los 199€ como la de los San Fermines.
“Sin hacer el curso de prototipado” dice Álvaro, “igual hubiese aprendido lo mismo pero en muchísimo más tiempo y las ganas hubieran decaído”. Insiste en que está muy contento con el progreso, aunque mantiene siempre la actitud y ganas de aprender que tan lejos le han permitido llegar hasta aquí. Y es que independientemente de lo lejos que se llegue, la mentalidad del prototipado requiere mantenerse siempre alerta. Nunca se sabe cuando puede aparecer “lo que no sabes que no sabes”.
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